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Las diferencia corporales
y biológicas deberían ser suficientes para considerar desde
un prisma diferente los factores que influyen en la salud laboral de las
mujeres. Durante mucho tiempo, la preocupación por la salud laboral
de las mujeres se ha limitado a proteger nuestra capacidad reproductiva
y la maternidad, sin tener en cuenta otros aspectos que también
la condicionan. Todavía, el chequeo laboral continúa centrado
en los hombres, en las enfermedades de predominio en el sexo masculino.
Lo que afecta al sexo femenino, como puede ser transtornos de menstruación,
hemorragias, anemias, hierros bajos, enfermedades endocrinológicas,
tiroides, glucemias, se miran pero poco.
Los reconocimientos médicos deben ser específicos, es decir,
los contenidos tienen que estar determinados por las características
de los riesgos para la salud a los que estamos sometidas como trabajadoras.
Y, no sólo hay que tener en cuenta del tipo de trabajo que se realiza
sino también de la duración y el tipo de jornada de trabajo.
La sobrecarga de trabajo produce una sobrecarga física y mental,
y, son las mujeres quienes en su mayoría asumen una doble jornada
de trabajo. Este hecho añade aún más razones para
considerar que la salud laboral de las mujeres responde a unos condicionantes
específicos a tener en cuenta.
Los estudios realizados demuestran que hay una gran diferencia entre los
sexos en el número de jubilaciones anticipadas. Es el sexo femenino
el que más se jubila a partir de los 50 años, nos dice la
doctora Carmen Valls, y el 80% de los casos es por razones de trastornos
musculoesqueléticos (artrosis, dolores cervicales, dorsales,...).
Este dato contrasta con la concepción tradicional de que los trabajos
que realizaba la mujer no suponían esfuerzo, parecía que
los trabajos que exigían de la fuerza los realizaban los hombres.
Pero desde hace ocho o diez años que se ha comenzado a investigar
cuál es la sobrecarga que soportan las articulaciones, se ha descubierto
que no es tan liviano el trabajo físico realizado por las mujeres.
Y, si no se ha tenido en cuenta la especificidad de las mujeres cuando
se ha estudiado el tema de la salud laboral, tampoco se han acordado que
existían profesiones prácticamente feminizadas cuando se
hablaba del tema. La sanidad, la enseñanza, el sector de la limpieza,
etc., no se han abordado nunca desde el punto de vista de la salud, y
queda mucho por conocer en cuanto a las enfermedades y riesgos laborales,
sus causas y efectos.
Hablar de salud laboral supone hablar, no sólo de efectos negativos
como los accidentes y enfermedades profesionales, sino también
prevenir cualquier daño que las condiciones de trabajo puedan causarnos,
protegernos contra los riesgos provocados por agentes nocivos, así
como tener y mantener un empleo adecuado a nuestras aptitudes físicas
y psicológicas. En definitiva, redistribuir y humanizar la organización
del trabajo considerando todas las diferencias, para lo que es necesario
romper con esa imagen invisible de las mujeres que aún parece mantenerse
en muchos ámbitos.
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